VICTORIA NO QUIERE COMER
Victoria tiene cuatro años, pero, a veces, parece un bebé. Eso piensa su hermano Alberto. Victoria nunca quiere comer y cuando todos están sentados a la mesa Victoria cierra la boca, aprieta los labios y no come. Entonces papá se enfada mucho y grita a Victoria; otras veces la castiga, pero a Victoria le da igual. Su boca nunca se abre. Mamá nunca la regaña, pero se pone muy nerviosa. Y como mamá quiere que Victoria coma, para que crezca y no se ponga malita, le da todo lo que quiere: chocolate, natillas, galletitas.Alberto piensa que eso es injusto; él come verduras, fruta, legumbres…, todo lo que un niño tiene que comer. Por eso, la abuela siempre dice que Alberto está cada día más grande y a Victoria la llama “FLACUCHA”.
Hoy ha llamado la hermana de mamá, que viene de muy lejos, y ha dicho que vendrá a pasar unos días. Alberto está contento, su tía Paula es muy divertida y, siempre que la ve, juega mucho con él. Mamá ha dicho que irán a buscarla al aeropuerto y luego comerán todos juntos en un restaurante. Papá se ha vuelto a enfadar, dice que Victoria no puede ir a un restaurante, porque nunca come nada y termina comiendo patatas fritas y aceitunas.
En el restaurante, todos están contentos y la tía Paula cuenta un montón de aventuras. Victoria está sentada con una bolsa de chucherías en la mano, comiendo caramelos y gominolas. Alberto se siente muy mayor con sus seis años y su tía le ha dicho que está tan guapo porque come de todo y se alimenta muy bien. Ha comido macarrones y un filete con ensalada. Papá le deja pedir un helado gigante de postre. Victoria llora y grita porque también quiere un helado. Mamá está a punto de pedirlo, pero, entonces la tía Paula dice:
-Victoria, no puedes comerte un helado. No has comido nada y no puedes comer postre.
Victoria abre mucho los ojos y mira a su tía. No sabe que está pasando, ella siempre se sale con la suya y come lo que quiere y cuando le apetece.
Por la tarde, están en casa y cuando llega la hora de la cena, la tía Paula le pide a Victoria que ayude a poner la mesa y le cuenta que ha hecho una sopa muy rica que es su especialidad. Toda la familia se sienta a cenar y la tía sirve la sopa en todos los platos. Victoria mira a papá pero papá no la está mirando. Papá habla y le cuenta cosas a Alberto. Victoria mira a mamá pero mamá también está charlando con todos. Nadie hace caso a Victoria. Entonces ella cierra la boca y aprieta los labios. Nadie mira a Victoria, ella sabe bien lo que tiene que hacer y comienza a decir que quiere vomitar. La tía Paula se levanta y coloca un reloj grande delante de Victoria, su tía no se enfada ni grita solo dice:
-Cuando la aguja llegue al número 9, te quitare el plato.
Victoria no entiende nada, papá no está enfadado, pero cuando pide chocolate a mamá no se lo trae, ¿Qué está pasando?
Su tía le ha quitado el plato. Por la noche la tripa de Victoria suena como las olitas del mar pero ya nadie deja que Victoria picotee entre horas.
Durante los días que la tía Paula ha estado en casa, Victoria ha aprendido muchas cosas y Papá y mamá también. Victoria sabe ahora que necesita comer para crecer y estar sana, que siempre debe comer a la misma hora y que no puede comer golosinas entre comida y comida. Victoria come con su reloj y sabe que si no come, le quitaran el plato y no comerá una comida distinta. Alberto está más contento con su hermana y le dice que se está haciendo grande como él. Eso le gusta.
¡Qué suerte ha tenido Victoria! Está aprendiendo muy bien y cada día prueba una comida distinta.