Carta de Silvia Castillo

¿Por qué elegí Bambú?

Ante todo, me considero una persona muy crítica y no tomo decisiones a la ligera, valoro mucho los pros y contras, sobre todo en lo referente a la educación y cuidado de mis hijas (defecto profesional, puesto que soy pediatra). Los pros a favor de Bambú:

1. Lo más importante: el equipazo de profesionales que tienen, capaces de detectar, modificar y resolver los problemas del desarrollo de los pequeños, a todos los niveles (lenguaje, psicomotricidad fina y gruesa, expresión de emociones, comportamiento, etc) siempre tras reunirse con los padres, informando de la situación detectada y planteando soluciones, tanto a nivel escolar como en el domicilio o a nivel psicopedagógico externo

2. El aula del bebé. En muy pocos centros educativos, por no decir en ninguno, se trabaja la psicomotricidad y se aplican las técnicas de estimulación temprana como en Bambú. Los bebés adquieren independencia y habilidades emocionales, motoras, lingüísticas y de comportamiento que yo no había imaginado posibles. Mis dos hijas empezaron con 5 y 6 meses respectivamente su andadura en Bambú y, además de conseguir los hitos del desarrollo de modo precoz (andaban a los 9 meses) eran capaces de comer prácticamente solas y sin mancharse antes del año, además de expresar sus emociones y miedo con claridad

3. La importancia del bilingüismo. Ver cómo tu hija con 2 años entiende mejor que uno mismo los dibujos en inglés, y entre ellas tienen conversaciones e intercalan el inglés en su vida habitual (“dame el “pink” o quiero el vestido “blue”…) no tiene precio

4. Las actividades temáticas y los talleres de padres, así como la escuela de padres. Todo ello ayuda a que, como papás, nos impliquemos en la educación, aprendizaje y diversión con nuestros hijos (fiesta de Hallowen, Fallas, festivales, día del abuelo….), a le vez que se resuelven dudas y se ayuda a afrontar las diferentes etapas evolutivas de los niños, como por ejemplo los trastornos de alimentación que pueden surgir en estas edades, el manejo de las rabietas, los trastornos del sueño, ayudar a expresar las emociones…

5. La alimentación casera, variada, equilibrada y de textura adecuada a cada momento evolutivo, así como el apoyo/ayuda en la diversificación alimentaria y en el cambio de texturas

6. Las instalaciones, con clases luminosas y una pinada envidiable… qué pena no trabajar allí!

Pero también hay que valorar los contras

1. El límite de edad hasta los 3 años. ¿Por qué no pueden estar nuestros pequeños toda la educación infantil? Sería un lujazo pasarlos desde allí a primaria, porque si ahora, que entran en el colegio con 3 años, están muy preparados… ¿cómo entrarían a los 6?

Nosotros estamos muy contentos con la atención y educación recibida para/con nuestras hijas, la verdad es que al mirar atrás no nos arrepentimos nada de nuestra elección.

¡Gracias por todos los buenos momentos que hemos pasado juntos!”

Silvia Castillo Corullón,

FE PEDIATRÍA, Nº COLEGIADO   46/4619968

 

2014-11-17T11:51:28+00:00